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sábado, 16 octubre 2021
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Arrigo Sacchi cumplió 75, “Se me pone la piel de gallina al ver a once futbolistas moverse como una sola persona”

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Arrigo Sacchi cumplió 75 años. Dejó su huella en la evolución del fútbol moderno. Fue subcampeón del mundo con Italia en 1994

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El exvendedor de zapatos al que encomendaron dirigir al gran AC Milan en 1987 tenía ideas descabelladas, como acabar con la figura del líbero o el marcaje al hombre. Sus futbolistas, entre los que había jugadores de renombre, no lo veían claro.

“Cinco jugadores bien coordinados pueden doblegar a diez jugadores descoordinados”, hizo saber el técnico a su plantilla. Para demostrarlo, instruyó a su defensa de cuatro, liderada por Franco Baresi y Paolo Maldini, así como a su arquero, sobre cómo debían marcar en zona.

A continuación, ordenó al resto de sus futbolistas que jugaran contra esos cinco, pero los atacantes no recibieron ninguna instrucción concreta. Empezaron atacando cuatro jugadores, luego cinco, después seis… Hasta que, al final, diez jugadores de campo acabaron atacando a esa defensa de cuatro y al guardameta.

El partidillo terminó 0-0. Los jugadores, entre los que se encontraban figuras de talla mundial como Ruud Gullit, Marco van Basten, Frank Rijkaard o Carlo Ancelotti, se convencieron. El entrenador se llamaba Arrigo Sacchi. Y así fue como el hombre que el 31 de marzo cumplió 75 años dejó su impronta en el fútbol.

Entrenamos para sincronizar los movimientos de los once jugadores. La idea básica era crear conciencia sobre las interrelaciones de este juego. Los once jugadores deben estar siempre en una posición activa, con o sin balón.

Su carrera como jugador no fue ni mucho menos destacada. Nunca dio el salto al fútbol profesional y, como en sus inicios en los banquillos solamente dirigió a clubes pequeños, trabajaba al mismo tiempo en la fábrica de calzado de su padre.

Sin embargo, en la Coppa Italia 1986/87 causó sensación con el AC Parma, al que había subido de la Serie C1 a la Serie B, tras vencer al AC Milan en dos partidos. Al año siguiente, Silvio Berlusconi lo eligió como entrenador de los rossoneri.

“No sabía que para ser jinete antes tenía que haber sido caballo”, replicó Sacchi a las críticas sobre su nombramiento. Además de innovador, también era un hombre sagaz. En su primera temporada en el AC Milan, ganó el Scudetto; en los dos años siguientes, conquistó dos Copas de Europa y dos Copas Intercontinentales de manera consecutiva.

En aquel entonces, sus ideas eran radicales. Más adelante, marcaron un estilo. Y engranarlas sigue siendo, hoy en día, un modelo para el fútbol moderno: nada de marcaje al hombre, sino en zona; aprender a ejercer una presión agresiva por medio de ejercicios sin balón y tapando las líneas de pase; reducir espacios y tener un equipo que sigue un plan muy claro en todas las zonas del campo.

Sacchi trabajó así durante mucho tiempo con un 4-4-2 en el que no podía haber más de 25 metros de distancia entre la línea defensiva y la delantera. Esta reducción de espacios fue toda una revolución en aquel momento, pero hoy es algo habitual. Para poder jugar así, la trampa del fuera de juego era un elemento central en su idea del fútbol. En aquellos días, si el atacante y el defensor estaban en línea, se señalaba posición antirreglamentaria.

Solo hubo una verdadera revolución táctica, cuando el fútbol pasó de ser un juego individual a uno colectivo. La idea de enseñar a once personas a moverse como una sola todavía me pone la piel de gallina.

“Los equipos italianos siempre se han centrado en la defensa. Nosotros defendíamos atacando y presionando. Sacchi tenía la receta del fútbol innovador. Su 4-4-2 era, al menos en mi opinión, la única manera de practicar un fútbol moderno”, explica Ancelotti, quien acabaría convirtiéndose en un entrenador de no pocos éxitos.

“Sacchi inició una revolución en el fútbol italiano, tanto a nivel mental como táctico. Teníamos nuestro propio estilo de juego, y lo desplegábamos contra cualquier rival: ya fuera contra los juveniles en los entrenamientos entre semana o contra el Real Madrid en el Bernabéu”, añade Donadoni.

En esas sesiones de entrenamiento era habitual que los jugadores se posicionaran en la cancha según su esquema básico de juego. A continuación, Sacchi les decía dónde estaba el balón imaginario y, al tiempo que ensayaba sin esférico, el equipo aprendía a automatizar los movimientos.

Y lo mismo hacía con el juego ofensivo: esta vez con balón, pero sin oposición. El equipo practicaba sus jugadas ofensivas en un “11 contra 0”. Hoy en día, es un ejercicio que muchos entrenadores incluyen en su manual, pero, en aquel entonces, desconcertaba a los analistas.

Cuando estaba entrenando en cuarta división, entré en el vestuario y justo un jugador decía: “El entrenador hace cosas con nosotros que yo no tenía que hacer en la Serie A o en la Serie B. O es un genio o está loco “. Le respondí: “Espero lo primero”.

“Te repetía las mismas cosas una y otra vez. Sobre todo a nosotros, los defensas. Cada día. Pero si Baresi, Costacurta, Tassotti y yo nos juntáramos hoy, aún sabríamos jugar como lo hacíamos entonces. Se te queda grabado. Ese fue uno de los secretos de nuestro éxito”, señala Paolo Maldini.

A menudo, la idea de juego de Sacchi suele reducirse a la defensa de cuatro y a los aspectos defensivos, pero lo que él buscaba principalmente era el espectáculo ofensivo, y estaba muy lejos de la vieja escuela del catenaccio.

“Yo mando a mis jugadores a la cancha con la intención de divertir al público durante 90 minutos. Siempre que tengamos la posesión, quiero a cinco hombres por delante del balón. Y siempre tiene que haber un jugador en el extremo izquierdo y otro jugador en el extremo derecho. Pero puede ser cualquiera, no tienen por qué ser siempre los mismos”, decía sobre su idea.

No es de extrañar que la federación italiana nombrara seleccionador a Sacchi en 1991. En la Copa Mundial de la FIFA 1994 en Estados Unidos, el técnico guio a la Squadra Azzurra hasta la final, donde cayó en la tanda de penales ante Brasil.

“Brasil jugó mejor y mereció la victoria. Yo siempre quería ganar merecidamente. Eso es lo que me importa”, comentó el propio Sacchi tiempo después.

Dos años más tarde, en la Eurocopa, su selección necesitaba los tres puntos contra Alemania en la última jornada de la fase de grupos. Italia desplegó un fútbol brillante por momentos, pero falló un penal que le habría dado el pase a la siguiente ronda. Tal vez, lo único que le faltó a Sacchi para conseguir un gran título con la selección italiana fue, precisamente, poder entrenar más con sus jugadores.

“¡Sólo ahora que soy un entrenador entiendo completamente tu trabajo!”.

Van Basten, a Sacchi

En cualquier caso, lo que hace de Sacchi un hombre inmortal en la historia del fútbol no son los títulos que ganó, sino su influencia en la evolución de este deporte y en la infinidad de entrenadores que, aún hoy, siguen marcados por sus ideas.

Fuente: FIFA

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