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martes, 3 agosto 2021
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Carabaya: heladas de julio son aprovechadas para elaborar chuño en Macusani

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Debido a que las heladas se han intensificado en las zonas altoandinas, los productores de tunta y chuño aprovechan este period para intensificar la elaboración de tales alimentos, es el caso del distrito de Macusani, donde las temperaturas llegan a los -11 grados centígrados, lo que es propicio para trabajar con el tubérculo.

En los últimos días, Macusani soporta intensas heladas y, en medio de este contexto, los productores concentrados principalmente en Bañopampa, ubicada a la salida de Juliaca, pernoctan en la zona para continuar con su trabajo durante toda la noche, pese al intenso frío.

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Para los responsables de elaborar el chuño y la tunta, ambos productos derivados de la papa, los días de heladas no son del todo malos, dado que, es una oportunidad de garantizarse alimentos.

Aquellos hombres y mujeres soportan el intenso frío a varios grados bajo cero para someter a las papas a las más bajas temperaturas y así conseguir chuño y tunta, lo que en esta época del año es de vital importancia para el hombre del campo.

La producción de chuño y tunta es una de las prácticas prehispánicas que hasta hoy se mantiene en las comunidades altoandinas de Puno para garantizarse de alimento por largos años.

Tras el periodo de cosecha de papas, que culmina en mayo, los productores esperan las heladas que arrancan en junio. El tubérculo tiene una duración óptima de seis meses y después se malogra. Le sale raíces o es carcomido por los gusanos.

Para que se mantenga más años, la papa se somete a un proceso de deshidratación natural a la intemperie a varios grados bajo cero, lo que solo es posible en explanadas cercanas a los ríos.

Para obtener chuño, en el día extienden papas pequeñas sobre una base de paja o mallas. En horas de la noche, le rocían agua de río por el plazo de dos días. En este tiempo, la papa debe alcanzar un nivel de congelamiento extremo para deshidratarse. Luego la pisan con los pies desnudos hasta lograr su descascaramiento.

El proceso requiere paciencia y valentía. Posteriormente se extiende el producto en la intemperie durante quince días hasta que seque y adquiera un color negro por los rayos del sol.

Los productores duermen en carpas de plástico soportando temperaturas extremas. El esfuerzo final de hombres y mujeres quechuas y aimaras resulta en este producto capaz de ser combinado en toda la clase de platillos.

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