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La Festividad de Todos los Santos y el Día de los Difuntos, es una ocasión más para mostrar el sincretismo religioso en el altiplano peruano. Si bien la Iglesia Católica ha declarado el 1 de noviembre como el “Día de Todos los Santos”, en el mundo andino, los moradores aprovechan para reencontrarse con sus difuntos, a quienes llaman “alma bendita” y les hacen todo tipo de encargos y consentimientos.

El responsable de la parroquia Santa Cruz de Orurillo – Melgar, Dante Rosado,  explica, que esta fecha nace ante una necesidad de la iglesia, de dedicarle un día especial a los santos anónimos.

“En el calendario litúrgico, la iglesia rememora a los santos en determinadas fechas, pero se ha buscado también una fecha singular para aquellos que no han sido canonizados”, afirma el religioso.

En el caso del Día de los Difuntos, señalado para cada 2 de noviembre, también tiene una conexión íntima con el calendario religioso. “Las almas también van al encuentro pleno de Dios”.

Por su parte, el antropólogo José Antonio Rocha, manifiesta que, los indígenas del Tahuantinsuyo, tenían la tradición del “Aya Marcay Killa”, que significa, desenterrar y llevar en brazos a los difuntos, ataviados muy bien y en procesión por las chacras.

“Es como una manera de indicar una comunión muy estrecha entre los vivos y los muertos, los muertos eran servidos con ofrendas múltiples, ya que se quedaban por unos días en su casa dando compañía y alegría a sus familiares”, manifiesta Rocha.

En el mundo altiplánico, la fecha sirve para recordar a los difuntos y desearles bienestar en la otra vida, visto que, en la cosmovisión andina, se cree en la existencia del más allá de la vida terrena.

Según la tradición, las almas regresan del más allá a reencontrarse con sus familias y amigos. La llegada está prevista para las 12 del día de cada 1 de noviembre y la despedida para la misma hora del día siguiente.

TESTIMONIO

Armando Flores, perdió a su esposa Patricia Núñez, hace ocho meses a consecuencia de la covid -19; esta semana lo encontramos en el cementerio del barrio Laycacota de la ciudad de Puno, junto a sus tres hijos: Pedro, Valeria y Yuber.

Aprovechan para llevar flores y una corona antes de las restricciones gubernamentales, que este año cerraron los camposantos los días 1 y 2 de noviembre. La familia sigue en duelo, se nota en el luto que cargan sobre sus cuerpos.

Foto: Referencial/Difusión

Pese a la pandemia, la familia Flores Núñez recibirá a su alma bendita por primera vez desde que falleció. Ahora, armaron una tómbola en donde reposan una serie de potajes, postres y bebidas en homenaje a la fallecida.

Don Armando dice que el platillo favorito de su exesposa era el adobo de chancho. Por supuesto, no faltará en el presente año y se repetirá obligatoriamente hasta completar el tercer año antes de la partida definitiva.

En realidad, casi todas las familias dolientes que han sufrido pérdidas de sus seres queridos hacen lo mismo. Cada 1 de noviembre se reúnen, cocinan lo mejor que pueden y rememoran las anécdotas de sus seres queridos.

El 2 de noviembre, toca despedir a las almas. Tradicionalmente, se solía asistir a los camposantos, pero en 2021, las cosas están difíciles, la despedida tendrá que ser entre cuatro paredes y no en los cementerios, al menos, no, en las ciudades principales de la región donde las restricciones son fuertes.

Cementerio de Yanamayo en Puno. | Foto: Archivo/© Pachamama Radio/CARM

La pandemia ha afectado a todos, porque los comerciantes de Todos los Santos también se quejan por las bajas ventas en el presente año. Como es tradición, instalaron sus puestos en el jirón El Puerto y el óvalo Dante Nava, pero no hay muchos compradores.

Hacer mercado en estos sitios es para conseguir caretas para las tantawawas, maná, coronas, caramelos, flores, galletas y productos complementarios que permitirán armar las tómbolas.

TRADICION

Dicha tómbola es el armado de diversos productos junto a la fotografía del difunto, lo acompañan con velas, comida y hasta la música preferida de los que en vida fueron.

Todos los componentes tienen significados; por ejemplo, las tantawawas simbolizan al ser querido que se fue, si es varón es un turco o monje, si es mujer es una wawa; las escaleras son para que el difunto suba al cielo en su retorno,  los caballos y llamas son para que el alma lleve sus ofrendas y puedan transitar por los caminos difíciles a la eternidad; la paloma representa al espíritu santo, para que lo guie hacia el reino de Dios; el sol y la luna, alejan al difunto de la oscuridad y alumbran su camino ante Dios.

Los hogares puneños están llenos de tómbolas en el presente año, algunos comparten fotografías en las redes sociales, otros prefieren ser más discretos, pero todos coinciden en que las almas han vuelto para escucharnos y quizás perdonarnos por los errores cometidos.

Este 2 de noviembre, vuelven a su tránsito a la eternidad, se llevan manjares para el camino, bebidas para refrescarse, instrumentos que los guíen y un sinfín de mensajes de los que todavía nos quedamos aquí, en la vida terrena, esperando el próximo reencuentro.

Informe de: Bruno Oreste Mamani Muñoz 

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